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sábado, 19 de noviembre de 2011

Reflexiones

Hoy estaba pensando que la mayoría de las personas que se creen originales o tienen un ego demasiado grande, o una cultura demasiado pequeña. Creo que es bueno tener una instrucción lo suficientemente amplia para reconocer a tus influencias y darles el crédito que merecen.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Después de la guerra

Ahí, tendido bajo el arco de la muerte,

se tiende el ancestral esqueleto de un ser humano

  secándose y hundiéndose en el arenal;
lo rodean espinas de un antiguo rosal

que ya no da flores
por estar cubierto del polvo 
                                           de la última guerra.

Oh, los dioses no escucharon sus últimos ruegos 
cuando el mundo estalló en la cólera,
cuando el fuego de la ira de Aquiles
mató la última virtud en el último hombre.
En el día final oyó por primera vez el susurro del aire
y la voz primordial le indicó la senda
pero él, sordo y ciego, siguió su camino infernal
hacia la autodestrucción.

Ahí abandonados están ahora los hijos de Marte
 sufriendo sus heridas rojas de sangre fresca,
llorando  las cicatrices imborrables marcadas en su piel, 
las lacerantes punzadas del puñal
que el padre enterró en la carne virgen del hijo
en favor de una lucha 
                                                  impropia e injustificada.

¿Hubo amor alguna vez?

¿Qué pasó con las palabras?
¿Morirías por ellas? 
¿Te dejarías crucificar por oír una vez más
                                                    una palabra de esperanza?

¡Oh, la sangre corre río abajo!
El mar se mece teñido de muerte:
es el ataúd de la vida que se sacrificó.
Ahora se escucha un grito seco
                                                                            a lo lejos:
son los amigos muertos,
el hijo sacrificado sobre la roca de la última redención.
Si tu Dios te ordena matar, ¿obedecerás?
Si tu espíritu murió hace siglos,  ¿rezarás?
¡Qué importa si hay un infierno después del infierno!
¿El paraíso es para los héroes? 

El viaje se hizo más largo que lo prometido
 queríamos salvar la ciudad 
                             y ella se quemó
                                                                      con nosotros adentro.



lunes, 22 de noviembre de 2010

Hoy no soy Lobo, ni Siddharta, ni Goldmundo

“ A mí sólo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto”.

“El Mundo se le presentaba curioso y enigmático. Aquí azul , allí amarillo, allá verde, el cielo y el río corrían, el bosque y el monte mezclaban su belleza misteriosa y mágica, y allí en medio, Siddharta, que se despertaba, que se ponía en camino hacia sí mismo. A través de los ojos de Siddharta entró, por primera vez todo eso, el amarillo y el azul, el río y el bosque”.
 
(Hermann Hesse. Siddharta)

Grandes cosas esperan al que no espera nada.
 
Hoy me entregué a ese estado de conciencia en que no sientes ni piensas: es simplemente estar suspendido en el aire igual que una pluma dejándose llevar por el viento. Hoy no quiero ser inteligente, ni políticamente correcta, ni opinar coherentemente, ni aparentar ser cuerda por un instante para quedar bien con el mundo. Hoy me moví igual que un barco de papel por la superficie del agua, esperando deshacerse en algún segundo penetrado y traspasado por la humedad del líquido, sin exigirle nada y sin tener que responderle por nada. Hoy simplemente fui la pluma, el barquito frágil, el ave suspendida en el cielo cerca de la alta montaña  y cerca del río que se desmorona poco a poco en su cauce de eterno flujo. Sin preguntas, sin respuestas; sólo el eterno movimiento de la respiración del mundo ante el mundo.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

De Paul Verlaine (1844-1896)

LLUEVE EN MI CORAZÓN 


 Llueve en mi corazón
como llueve en la ciudad.
¿qué languidez es ésta
que entra en mi corazón?

¡Suave rumor de lluvia
sobre suelo y tejado!
Para un corazón que se aburre.
¡oh el cantar de la lluvia!

Llueve sin razón
en este corazón desanimado.
¿Qué? ¿No ocurrió nada?
No hay razón de estar triste.

¡Es una pena pues
no saber el porqué
sin odio y sin amor,
mi corazón tanto pena!
 


IL PLEURE DANS MON COEUR


Il pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville ;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur ?

Ô bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits !
Pour un coeur qui s'ennuie,
Ô le chant de la pluie !

Il pleure sans raison
Dans ce coeur qui s'écoeure.
Quoi ! nulle trahison ?...
Ce deuil est sans raison.

C'est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi
Sans amour et sans haine
Mon coeur a tant de peine !
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Sí es de Verlaine
"Il pleure dans mon coeur"
Dato rosa: 
Hay una película de Francis Ford Coppola 
con el mismo nombre, zizizizi.


OFELIA

John Everett Millais, Ophelia, 1851-1852
 
OFELIA
 Arthur Rimbaud

I
 En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.

Hace ya miles de años que la pálida Ofelia
pasa, fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su suave locura
murmura su tonada en el aire nocturno.

El viento, cual corola, sus senos acaricia
y despliega, acunado, su velamen azul;
los sauces temblorosos lloran contra sus hombros
y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.

Los rizados nenúfares suspiran a su lado,
mientras ella despierta, en el dormido aliso,
un nido del que surge un mínimo temblor...
y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.

II
¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve,
muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega
te habían susurrado la adusta libertad.

Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,
en tu mente traspuesta metió voces extrañas;
y es que tu corazón escuchaba el lamento
de la Naturaleza –son de árboles y noches.

Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido,
un loco miserioso, a tus pies se sentó.

Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! .
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.

III
Y el poeta nos dice que en la noche estrellada
vienes a recoger las flores que cortaste ,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.

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 Y hablando corazones rotos...